viernes, noviembre 26
jueves, noviembre 18
Me voy.
Sólo estoy pensando en el día que los dolores de cabeza hayan desaparecido para darle lugar a mi pensamiento, comprenda que no debemos confiar en nuestro coeficiente intelectual y aprenda a guardar neuronas para terminar de manera sana el año.
Voy a desaparecer por un tiempo. La disfonía, los finales, la mente, me lo piden. No es algo que sienta que vaya a hacerme bien (en lo absoluto), pero no es una decisión tomada bajo mi consentimiento. Pasó a ser una consecuencias de la vida que decidí tomar hace tres meses atrás y que, capaz que por suerte, hoy estoy pagando. Más adelante, en el resumen anual, cuando ésta porquería sea pasado, lograré seguramente conjeturar conclusiones muy positivas porque creo que cuando hablo de "la vida que decidí..." me estoy refiriendo a cosas muy positivas, pero vio cómo es la vida: te da bastante para sacarte mucho. Pasaron cosas tan buenas que tuvo que irme mal en los tres exámenes. Fue algo que aunque hubiera tenido el tiempo y la predisposición no hubieran salido de otra manera porque el estar así me va a dar cuenta de lo inocente y débil que me estoy convirtiendo, que no aprendo más y DEBO APRENDER.
Me voy a pagar mis deudas, a aprender y a estudiar por sobre todo, porque aunque ni yo lo crea me van a evaluar nuevamente lo que más me gusta hacer, escribir.
No nos creamos lo suficientemente buenos en lo que hagamos porque siempre alguien va a entrometerse en nuestras expectativas.
Voy a desaparecer por un tiempo. La disfonía, los finales, la mente, me lo piden. No es algo que sienta que vaya a hacerme bien (en lo absoluto), pero no es una decisión tomada bajo mi consentimiento. Pasó a ser una consecuencias de la vida que decidí tomar hace tres meses atrás y que, capaz que por suerte, hoy estoy pagando. Más adelante, en el resumen anual, cuando ésta porquería sea pasado, lograré seguramente conjeturar conclusiones muy positivas porque creo que cuando hablo de "la vida que decidí..." me estoy refiriendo a cosas muy positivas, pero vio cómo es la vida: te da bastante para sacarte mucho. Pasaron cosas tan buenas que tuvo que irme mal en los tres exámenes. Fue algo que aunque hubiera tenido el tiempo y la predisposición no hubieran salido de otra manera porque el estar así me va a dar cuenta de lo inocente y débil que me estoy convirtiendo, que no aprendo más y DEBO APRENDER.
Me voy a pagar mis deudas, a aprender y a estudiar por sobre todo, porque aunque ni yo lo crea me van a evaluar nuevamente lo que más me gusta hacer, escribir.
No nos creamos lo suficientemente buenos en lo que hagamos porque siempre alguien va a entrometerse en nuestras expectativas.
domingo, noviembre 14
Answer me
Dejé de conjeturar conclusiones sola para comenzar a llenarme de certezas que efectivamente darán respuesta a muchos de los interrogantes que vienen rodeándome últimamente. Para terminar, abandoné el vicio de contradecirme constantemente como cuando digo que me conformo y después no me conformo un carajo.
Me voy a dormir más tranquila. Sí. Con dos libros que leer, un parcial que rendir, sin lugar donde vivir y cuatro porciones de pizza en la panza. Pero qué mejor que con muchas ganas de dormir. Dulces sueños. Mañana surgirán otras preguntas como: ¿cuándo fue el día que heredé el gen maligno de la depresión crónica de mi madre? Porque lo que sí sé es que nunca voy a poder conformarme con las respuestas que consigo a diario ya que sólo corresponden a un décimo de las preguntas que surgen.
Ahora sí, au revoir!
Me voy a dormir más tranquila. Sí. Con dos libros que leer, un parcial que rendir, sin lugar donde vivir y cuatro porciones de pizza en la panza. Pero qué mejor que con muchas ganas de dormir. Dulces sueños. Mañana surgirán otras preguntas como: ¿cuándo fue el día que heredé el gen maligno de la depresión crónica de mi madre? Porque lo que sí sé es que nunca voy a poder conformarme con las respuestas que consigo a diario ya que sólo corresponden a un décimo de las preguntas que surgen.
Ahora sí, au revoir!
Bad Things That Could Happen
Atino a escribir sobre vos pero no voy a darte el lujo de que lo leas y pienses cuán pendeja soy cuando no soy yo la que hago pendejadas sino que me han dejado como tal enfrente de vos.
Nos creemos lo suficientemente importantes para creer que marcamos la vida de las personas y después hay que recordarles a tus conocidos la fecha que dejaste la vida.
Por esos días que no son feos pero nos sentimos feos por dentro y nos miramos al espejo y encontramos pelos en todas partes de nuestro cuerpo poniéndolos de excusa del por qué perdimos la belleza; nos preguntamos si alguna vez vamos a conformarnos.
Si alguien alguna vez alguien me dijo que no está bien conformarse, qué días feos le esperan entonces. Y no estoy hablando de morir en la costumbre.
Cuando cerramos etapas en nuestra vida, o conseguimos logros comenzamos a replantearnos todo. Y ahí, es ese momento, es cuando me dan ganas de dormir. Debo tener una vida en los sueños extremadamente interesante para que mi cuerpo elija todo el tiempo querer vivir adentro de mi inconsciente. No quiera levantarse para ir a rendir un parcial, no escuche los despertadores, se duerma arriba de los resúmenes, en un sillón arriba de la lancha, me levante sudada y llorando, y planifique el día de acuerdo a la horas que va a dormir.
Si duermo doce horas diarias y voy a estar la mitad de mi vida durmiendo, carpe diem! Feliz moriré de haber hecho lo que me gusta la mitad de la vida ¿quién logra eso?
Dejen que duerma tranquila, que tenga dulces sueños y me conforme con lo que quiero.
sábado, noviembre 13
I want u
¿Está mal no cerrar los ojos durante el beso? ¿Se es menos romántico? Siempre sentí presión para que cerrara mis ojos. A mí me salen los besos cuando tengo todo abierto: la boca, la lengua, los ojos, los sabores, las manos. No te cierro ni con orden del juez de turno. Salvo casos especiales que no sabría identificar. ¿Iré al cielo de los buenos besadores o me tendré que conformar con un cielo común y corriente?
Sofía dice: Qué lastima no haberte conocido antes "Buenaleche". Te hubiera disfrutado más.
"Me falta decir tranzar y quedo excluida totalmente de la sociedad."
miércoles, noviembre 10
Carpe diem.
¿Recuerdan este texto? Por ahí resulta importante que se lea antes de comenzar a interesarse en esta entrada.
Cuando comienze a escribir lo que publicaré más tarde faltaran sólo diez minutos para ese bendito día.
Hace ochenta y nueve días atrás y 18 años cumplidos no sabía exactamente el por qué de mi "fobia" a los aniversarios de mi nacimiento. Desde pequeña (lo repetiré) no es que le tengo miedo ni la paso mal, es simplemente el no sentirse bien los seis de noviembre. Muchas veces no nos sentimos bien y no existe respuesta a eso ¿Verdad? (Alguien sabe de lo que estoy hablando: Click aquí - Increíble similitud de situaciones)
Es verdad que este año comenzó la pre-depresión cumpleaños mucho tiempo antes de la prevista pero acepto que son muchas cosas nuevas que, seguramente, tuvieron interferencia en mi inconsciencia.
Irremediablemente a pesar de la negación constante durante, tal vez, dieciocho primaveras seguidas debo reconocer, me he dado cuenta que le temo absolutamente al tiempo.
Me creí incapaz de ser miedosa a algo tan abstracto y fugitivo. Pero es hoy la mejor manera de afrontar este nuevo año de vida.
Realmente (estoy siendo más sincera que nunca) estoy muy avergonzada y me siento frágil al debilitarme tan fácil..
Ya pasó. Una vez que pasa el día, estoy. Como y tomo todo que se acostumbra a hacer esos días de festejo y vuelvo a ser normal. Con diecinueve años en el bolsillo y un par de lágrimas derrochadas, abrazo de mamá que resulta incondicional, mensajito de acá, mail de allá, llamada por doquier, visitas aquí y dedicatorias por cualquier lugar; robo mimos a la gente y al otro día me levanto sin recordar nada de la última noche de vida con dieciocho años.
Ya comienzan a surgir ideas para los veinte. Ese será uno de los mayores enfrentamientos conmigo misma en lo que voy de vida (las décadas). Porque convengamos que el 19 no existe, es un insignificante guión entre el 18 y el 20, de apenas medio centímetro que resulta equivalente a 365 días de estar pensado cómo carajo se hace para vivir veinte años y tener que ponerse contenta el día que tenes que aceptarlos definitivamente.
Sí, soy trágica. Me he vuelto irremediablemente trágica, exagerada, negativa y cursi. Bancate ese defecto, te acostumbrarás a entradas de desgracias, malestares y angustias. De ésto se trata. Porque entre lo onírico y lo real pasan cosas malas también.
Cuando comienze a escribir lo que publicaré más tarde faltaran sólo diez minutos para ese bendito día.
Hace ochenta y nueve días atrás y 18 años cumplidos no sabía exactamente el por qué de mi "fobia" a los aniversarios de mi nacimiento. Desde pequeña (lo repetiré) no es que le tengo miedo ni la paso mal, es simplemente el no sentirse bien los seis de noviembre. Muchas veces no nos sentimos bien y no existe respuesta a eso ¿Verdad? (Alguien sabe de lo que estoy hablando: Click aquí - Increíble similitud de situaciones)
Es verdad que este año comenzó la pre-depresión cumpleaños mucho tiempo antes de la prevista pero acepto que son muchas cosas nuevas que, seguramente, tuvieron interferencia en mi inconsciencia.
Irremediablemente a pesar de la negación constante durante, tal vez, dieciocho primaveras seguidas debo reconocer, me he dado cuenta que le temo absolutamente al tiempo.
Me creí incapaz de ser miedosa a algo tan abstracto y fugitivo. Pero es hoy la mejor manera de afrontar este nuevo año de vida.
Realmente (estoy siendo más sincera que nunca) estoy muy avergonzada y me siento frágil al debilitarme tan fácil..
Ya pasó. Una vez que pasa el día, estoy. Como y tomo todo que se acostumbra a hacer esos días de festejo y vuelvo a ser normal. Con diecinueve años en el bolsillo y un par de lágrimas derrochadas, abrazo de mamá que resulta incondicional, mensajito de acá, mail de allá, llamada por doquier, visitas aquí y dedicatorias por cualquier lugar; robo mimos a la gente y al otro día me levanto sin recordar nada de la última noche de vida con dieciocho años.
Ya comienzan a surgir ideas para los veinte. Ese será uno de los mayores enfrentamientos conmigo misma en lo que voy de vida (las décadas). Porque convengamos que el 19 no existe, es un insignificante guión entre el 18 y el 20, de apenas medio centímetro que resulta equivalente a 365 días de estar pensado cómo carajo se hace para vivir veinte años y tener que ponerse contenta el día que tenes que aceptarlos definitivamente.
Sí, soy trágica. Me he vuelto irremediablemente trágica, exagerada, negativa y cursi. Bancate ese defecto, te acostumbrarás a entradas de desgracias, malestares y angustias. De ésto se trata. Porque entre lo onírico y lo real pasan cosas malas también.
miércoles, noviembre 3
Me "como" a mi.
Como Kings of Convenience al fastidio, como el Amoxidal 500 a las anginas, como The Beatles a las ganas de cantar alto. Como el ibuprofeno más cafeína a los dolores de cabeza y menstruales, el tampon a "esos" días, como Onda Vaga a las ganas de salir. Como Arjona a los días que queremos depresión, como Lady Gaga a los que queremos bailar. Como La Gotita a la patilla del lente quebrada, como The Whitest Boys Alive al estudio. Como el blog a los impulsos de querer gritarle al mundo alguna verdad, como el Facebook al chusmerio, como el diario online a mis mañanas. Como el pucho al después de comer, el agua a la pimienta mordida, como la película al viernes por la noche. Como que el despertador suene una horita antes de la programada, como los Rollings Stones al rock and roll, como la ventana abierta al verano, como el olor a tierra a los días de lluvia, como internet a la computadora. Como el crédito a mi celular, la Oblogo a los martes, el jugo de naranja al desayuno de media mañana, el queso rayado a cada comida. Como el delineador a las de ojos grandes y el Rimmel a las de ojos chicos. Como el tachón a mi lista de cosas pendientes, como Blackbird a querer llorar. Como los tacos a las de piernas cortas y el pantalón negro a las de piernas gordas. Como las pastillas anticonceptivas a las parejas casuales pero más a las estables. Como Gabriel García Márquez a nuestros sentimientos, como la Coca-Cola al fernet. Como el pan rayado a la carne, y el café a la última hora del día. Como Lissie a Bad Romance, como el verano a las vacaciones, como anillo al dedo, como culo al calzón y como la mugre a la uña... como vos a mi.
Así de bien me haces(cuando estamos juntos).
Sofía dice: Nunca jamas me creí capaz de la cursilería barata y de ser trágica. Lamento decirlo, pero he caído en la tentación de los desamores. Esos que hablan de olvido, perdón, superación, rencor, amor, amor y un poco más de dolor. Vamos a ver que sale de este experimento. Me la juego (como me dijiste cuando nos dimos nuestro primer beso) mmmm...
Y para no sentirme tan culpable comenzé a leer los recuerdos de amores anteriores y me di cuenta que era una tremenda cornuda, já.
Así de bien me haces(cuando estamos juntos).
Sofía dice: Nunca jamas me creí capaz de la cursilería barata y de ser trágica. Lamento decirlo, pero he caído en la tentación de los desamores. Esos que hablan de olvido, perdón, superación, rencor, amor, amor y un poco más de dolor. Vamos a ver que sale de este experimento. Me la juego (como me dijiste cuando nos dimos nuestro primer beso) mmmm...
Y para no sentirme tan culpable comenzé a leer los recuerdos de amores anteriores y me di cuenta que era una tremenda cornuda, já.
lunes, noviembre 1
Una loca linda.
El llamado de 'Carlos' me había dejado con una leve angustia y como en las películas norteamericanas me miré al espejo y me mojé la cara con agua fría. Me volví a mirar en el espejo. Creo que todos ustedes saben que soy una loquita linda que se la da de creativa y para hacerme la original un día escribí con marcador indeleble una frase en la parte superior de ese espejo. El resultado es que al mirarte en ese espejo ves tu cara y una frase que dice: “Nunca le creas a esta persona”. Me sonreí. ¿Me creía esta vez o no? ¿Valía la pena estar angustiada o me engañaba echándome agua fría en la cara?.
Robado de por ahí.
Robado de por ahí.
viernes, octubre 29
Con la bandera a media asta.
La única manera de hacer desaparecer los fantasmas es aferrarse a lo vivo. Porque lo vivo es lo único que puede cambiar y ése es el problema de los muertos, que no pueden cambiar.
miércoles, octubre 27
Cigarrillo
Camina tomando el rol de acompañante. No sabe el destino por eso lo toma del brazo para sentirse más segura, seguirlo y evitar todo contacto visual de hombres obsequiosos con las mujeres. Alrededor de quince cuadras más tarde pone sus manos en los bolsillos de la campera imitación cuero que tenía hace un par de meses, porque él decide fumar. Nunca va a saber si lo hizo para soltarle la mano o porque realmente tenía ansiedad de tabaco. Como si por su cabeza no estarían combatiendo esas ideas para quedarse una, siguen caminando. Llegan, llegan a ese lugar que alguna vez había pisado de noche con luces oscuras pero hoy tenía oportunidad de verlo encendido, conocer cada uno de sus rincones y haciéndose la puntillosa examinó cada uno de sus detalles.
No se escuchaba, si quiera presentía ringtones pero, por alguna razón, él no se desprendía de ese aparato que lo tele transportaba a sus más ínfimos aires de furia porque, se ve, que no le decían cosas de su agrado. Para evitar un disgusto con ella también, se sentó en la silla más cercana a esperar que pasara esa ráfaga de aires de exaltación. Un tiempo después, no fue capaz de controlar el tiempo, ella se paró para irse. Tenía que irse, había llegado su momento. Una vez más no se iba a animar a preguntarle nada de lo que venía practicando hacía semanas en la ducha. Con el tamaño de una nuez de Adán algo le interfería en la garganta y no podía decirlo. Con ese miedo que le provocaba que por acto fallido diga cualquier cosa no practicada en el baño, sólo atinó a agarrar sus cosas de la barra y pedirle cigarrillos. Sin aires excepto por los de bondad él accedió alegremente a brindarle más de los que necesita una persona que va a viajar en colectivo de ahí a su casa. Alrededor de cuatro creyó convenientes pero ella sólo acepto dos (uno para cada parada). Prendió el primero ahí adentro porque no era casualidad que siempre olvidase su encendedor en la casa de él. Tomaron el camino hacia la puerta y se prepararon para la despedida. Las últimas palabras van a dar cierre al encuentro y una buena conclusión puede reparar todo lo malo del texto como todo lo que ocurrió. Pero ése no iba a ser un buen cierre, iba a ser de los habituales sin sorpresas ni palabras de más. Beso y caminata a tomar el colectivo más cercano.
Solamente se escuchaban sus tacos sobre las baldosas rotas y cómo se quemaba el papel del cigarrillo. Toma el colectivo instantáneamente, obvia toda gentileza y roba asiento a una señora mayor, se agrega sus auriculares en los oídos y veinte minutos más tarde (ya podía contar el tiempo) llega. Se sentía abatida por el fracaso que había sumado a su persona. Ese que ya era repetido pero que volvía a cometer: no poder hablar en los momentos justos. Así que decide tomar otro transporte que la acerque algo más a su casa. En la dulce espera pide a un hombre fuego para terminar con sus cigarrillos y fumar el último de la noche. Se le vuelve bastante difícil terminarlo porque las ráfagas de aire le penetraban la cintura y la hacían temblar. En las últimas pitadas lo único que anhelaba era poner nuevamente sus manos en los bolsillos. La más larga de las inhalaciones concluyeron en un cigarrillo que arrojó ingenuamente al cordón de la vereda para que éste rebotase y cayera en un hilo de agua con correntada. Así como tocó el agua se apagó y comenzó a seguir el agua, la siguió sin saber el destino y se aferró a ella. Y ella quiso más que nunca ser esa colilla para seguir un camino sin destino y aferrarse a alguien que no le preguntara si pasaba algo.
Sofía dice: Sabrán que no soy devota de la narración pero esta historia me dejó bastante conmocionada y tuve que transcribirla.
No se escuchaba, si quiera presentía ringtones pero, por alguna razón, él no se desprendía de ese aparato que lo tele transportaba a sus más ínfimos aires de furia porque, se ve, que no le decían cosas de su agrado. Para evitar un disgusto con ella también, se sentó en la silla más cercana a esperar que pasara esa ráfaga de aires de exaltación. Un tiempo después, no fue capaz de controlar el tiempo, ella se paró para irse. Tenía que irse, había llegado su momento. Una vez más no se iba a animar a preguntarle nada de lo que venía practicando hacía semanas en la ducha. Con el tamaño de una nuez de Adán algo le interfería en la garganta y no podía decirlo. Con ese miedo que le provocaba que por acto fallido diga cualquier cosa no practicada en el baño, sólo atinó a agarrar sus cosas de la barra y pedirle cigarrillos. Sin aires excepto por los de bondad él accedió alegremente a brindarle más de los que necesita una persona que va a viajar en colectivo de ahí a su casa. Alrededor de cuatro creyó convenientes pero ella sólo acepto dos (uno para cada parada). Prendió el primero ahí adentro porque no era casualidad que siempre olvidase su encendedor en la casa de él. Tomaron el camino hacia la puerta y se prepararon para la despedida. Las últimas palabras van a dar cierre al encuentro y una buena conclusión puede reparar todo lo malo del texto como todo lo que ocurrió. Pero ése no iba a ser un buen cierre, iba a ser de los habituales sin sorpresas ni palabras de más. Beso y caminata a tomar el colectivo más cercano.
Solamente se escuchaban sus tacos sobre las baldosas rotas y cómo se quemaba el papel del cigarrillo. Toma el colectivo instantáneamente, obvia toda gentileza y roba asiento a una señora mayor, se agrega sus auriculares en los oídos y veinte minutos más tarde (ya podía contar el tiempo) llega. Se sentía abatida por el fracaso que había sumado a su persona. Ese que ya era repetido pero que volvía a cometer: no poder hablar en los momentos justos. Así que decide tomar otro transporte que la acerque algo más a su casa. En la dulce espera pide a un hombre fuego para terminar con sus cigarrillos y fumar el último de la noche. Se le vuelve bastante difícil terminarlo porque las ráfagas de aire le penetraban la cintura y la hacían temblar. En las últimas pitadas lo único que anhelaba era poner nuevamente sus manos en los bolsillos. La más larga de las inhalaciones concluyeron en un cigarrillo que arrojó ingenuamente al cordón de la vereda para que éste rebotase y cayera en un hilo de agua con correntada. Así como tocó el agua se apagó y comenzó a seguir el agua, la siguió sin saber el destino y se aferró a ella. Y ella quiso más que nunca ser esa colilla para seguir un camino sin destino y aferrarse a alguien que no le preguntara si pasaba algo.
Sofía dice: Sabrán que no soy devota de la narración pero esta historia me dejó bastante conmocionada y tuve que transcribirla.
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