jueves, noviembre 18

Me voy.

Sólo estoy pensando en el día que los dolores de cabeza hayan desaparecido para darle lugar a mi pensamiento, comprenda que no debemos confiar en nuestro coeficiente intelectual y aprenda a guardar neuronas para terminar de manera sana el año. 
Voy a desaparecer por un tiempo. La disfonía, los finales, la mente, me lo piden. No es algo que sienta que vaya a hacerme bien (en lo absoluto), pero no es una decisión tomada bajo mi consentimiento. Pasó a ser una consecuencias de la vida que decidí tomar hace tres meses atrás y que, capaz que por suerte, hoy estoy pagando. Más adelante, en el resumen anual, cuando ésta porquería sea pasado, lograré seguramente conjeturar conclusiones muy positivas porque creo que cuando hablo de "la vida que decidí..." me estoy refiriendo a cosas muy positivas, pero vio cómo es la vida: te da bastante para sacarte mucho. Pasaron cosas tan buenas que tuvo que irme mal en los tres exámenes. Fue algo que aunque hubiera tenido el tiempo y la predisposición no hubieran salido de otra manera porque el estar así me va a dar cuenta de lo inocente y débil que me estoy convirtiendo, que no aprendo más y DEBO APRENDER.
Me voy a pagar mis deudas, a aprender y a estudiar por sobre todo, porque aunque ni yo lo crea me van a evaluar nuevamente lo que más me gusta hacer, escribir.
No nos creamos lo suficientemente buenos en lo que hagamos porque siempre alguien va a entrometerse en nuestras expectativas.

2 comentarios:

ElChapa dijo...

Escriba nomás...

Gustavo García dijo...

Escribiste esto el día de mi cumpleaños... número 39... Se podría decir que estoy a la mitad de la vida... si me queda otra mitad claro... y leyéndote quiero contarte una historia, no es mía, pero puede servirte
A veces la gente se acostumbra a lo que ve en las películas, y termina olvidando la verdadera historia
—dice alguien al viajero, mientras él mira el puerto de Miami
—. ¿Se acuerda de Los diez mandamientos?
—Claro. Moisés, Charlton Heston, en un determinado momento levanta su báculo. Las aguas se dividen, y el pueblo hebreo atraviesa la gran masa de agua.
—En la Biblia es diferente —comenta el otro—. En ella, Dios ordena a Moisés: «Di a los hijos de Israel que se marchen.» Y después de que empiezan a andar, es cuando Moisés levanta el báculo, y el mar Rojo se abre.
«Porque es la fe en el camino la que hace que el camino se manifieste.»
Mantene la fe en el camino, este se te manifestara.
Un abrazo

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