sábado, noviembre 13

I want u



¿Está mal no cerrar los ojos durante el beso? ¿Se es menos romántico? Siempre sentí presión para que cerrara mis ojos. A mí me salen los besos cuando tengo todo abierto: la boca, la lengua, los ojos, los sabores, las manos. No te cierro ni con orden del juez de turno. Salvo casos especiales que no sabría identificar. ¿Iré al cielo de los buenos besadores o me tendré que conformar con un cielo común y corriente?


Sofía dice: Qué lastima no haberte conocido antes "Buenaleche". Te hubiera disfrutado más.

"Me falta decir tranzar y quedo excluida totalmente de la sociedad."

miércoles, noviembre 10

Carpe diem.

¿Recuerdan este texto? Por ahí resulta importante que se lea antes de comenzar a interesarse en esta entrada.
Cuando comienze a escribir lo que publicaré más tarde faltaran sólo diez minutos para ese bendito día. 
Hace ochenta y nueve días atrás y 18 años cumplidos no sabía exactamente el por qué de mi "fobia" a los aniversarios de mi nacimiento. Desde pequeña (lo repetiré) no es que le tengo miedo ni la paso mal, es simplemente el no sentirse bien los seis de noviembre. Muchas veces no nos sentimos bien y no existe respuesta a eso ¿Verdad? (Alguien sabe de lo que estoy hablando: Click aquí - Increíble similitud de situaciones)
Es verdad que este año comenzó la pre-depresión cumpleaños mucho tiempo antes de la prevista pero acepto que son muchas cosas nuevas que, seguramente, tuvieron interferencia en mi inconsciencia. 
Irremediablemente a pesar de la negación constante durante, tal vez, dieciocho primaveras seguidas debo reconocer, me he dado cuenta que le temo absolutamente al tiempo. 
Me creí incapaz de ser miedosa a algo tan abstracto y fugitivo. Pero es hoy la mejor manera de afrontar este nuevo año de vida.
Realmente (estoy siendo más sincera que nunca) estoy muy avergonzada y me siento frágil al debilitarme tan fácil..


Ya pasó. Una vez que pasa el día, estoy. Como y tomo todo que se acostumbra a hacer esos días de festejo y vuelvo a ser normal. Con diecinueve años en el bolsillo y un par de lágrimas derrochadas, abrazo de mamá que resulta incondicional, mensajito de acá, mail de  allá, llamada por doquier, visitas aquí y dedicatorias por cualquier lugar; robo mimos a la gente y al otro día me levanto sin recordar nada de la última noche de vida con dieciocho años. 
Ya comienzan a surgir ideas para los veinte. Ese será uno de los mayores enfrentamientos conmigo misma en lo que voy de vida (las décadas). Porque convengamos que el 19 no existe, es un insignificante guión entre el 18 y el 20, de apenas medio centímetro que resulta equivalente a 365 días de estar pensado cómo carajo se hace para vivir veinte años y tener que ponerse contenta el día que tenes que aceptarlos definitivamente. 
Sí, soy trágica. Me he vuelto irremediablemente trágica, exagerada, negativa y cursi. Bancate ese defecto, te acostumbrarás a entradas de desgracias, malestares y angustias. De ésto se trata. Porque entre lo onírico y lo real pasan cosas malas también.



miércoles, noviembre 3

Me "como" a mi.

Como Kings of Convenience al fastidio, como el Amoxidal 500 a las anginas, como The Beatles a las ganas de cantar alto. Como el ibuprofeno más cafeína a los dolores de cabeza y menstruales, el tampon a "esos" días, como Onda Vaga a las ganas de salir. Como Arjona a los días que queremos depresión, como Lady Gaga a los que queremos bailar. Como La Gotita a la patilla del lente quebrada, como The Whitest Boys Alive al estudio. Como el blog a los impulsos de querer gritarle al mundo alguna verdad, como el Facebook al chusmerio, como el diario online a mis mañanas. Como el pucho al después de comer, el agua a la pimienta mordida, como la película al viernes por la noche. Como que el despertador suene una horita antes de la programada, como los Rollings Stones al rock and roll, como la ventana abierta al verano, como el olor a tierra a los días de lluvia, como internet a la computadora. Como el crédito a mi celular, la Oblogo a los martes, el jugo de naranja al desayuno de media mañana, el queso rayado a cada comida. Como el delineador a las de ojos grandes y el Rimmel a las de ojos chicos. Como el tachón a mi lista de cosas pendientes, como Blackbird a querer llorar. Como los tacos a las de piernas cortas y el pantalón negro a las de piernas gordas. Como las pastillas anticonceptivas a las parejas casuales pero más a las estables. Como Gabriel García Márquez a nuestros sentimientos, como la Coca-Cola al fernet. Como el pan rayado a la carne, y el café a la última hora del día. Como Lissie a Bad Romance, como el verano a las vacaciones, como anillo al dedo, como culo al calzón y como la mugre a la uña... como vos a mi. 
Así de bien me haces(cuando estamos juntos).




Sofía dice: Nunca jamas me creí capaz de la cursilería barata y de ser trágica. Lamento decirlo, pero he caído en la tentación de los desamores. Esos que hablan de olvido, perdón, superación, rencor, amor, amor y un poco más de dolor. Vamos a ver que sale de este experimento. Me la juego (como me dijiste cuando nos dimos nuestro primer beso) mmmm...
Y para no sentirme tan culpable comenzé a leer los recuerdos de amores anteriores y me di cuenta que era una tremenda cornuda, já.

lunes, noviembre 1

Una loca linda.

El llamado de 'Carlos' me había dejado con una leve angustia y como en las películas norteamericanas me miré al espejo y me mojé la cara con agua fría. Me volví a mirar en el espejo. Creo que todos ustedes saben que soy una loquita linda que se la da de creativa y para hacerme la original un día escribí con marcador indeleble una frase en la parte superior de ese espejo. El resultado es que al mirarte en ese espejo ves tu cara y una frase que dice: “Nunca le creas a esta persona”. Me sonreí. ¿Me creía esta vez o no? ¿Valía la pena estar angustiada o me engañaba echándome agua fría en la cara?.


Robado de por ahí.





viernes, octubre 29

Con la bandera a media asta.

La única manera de hacer desaparecer los fantasmas es aferrarse a lo vivo. Porque lo vivo es lo único que puede cambiar y ése es el problema de los muertos, que no pueden cambiar.

miércoles, octubre 27

Cigarrillo

Camina tomando el rol de acompañante. No sabe el destino por eso lo toma del brazo para sentirse más segura, seguirlo y evitar todo contacto visual de hombres obsequiosos con las mujeres. Alrededor de quince cuadras más tarde pone sus manos en los bolsillos de la campera imitación cuero que tenía hace un par de meses, porque él decide fumar. Nunca va a saber si lo hizo para soltarle la mano o porque realmente tenía ansiedad de tabaco. Como si por su cabeza no estarían combatiendo esas ideas para quedarse una, siguen caminando. Llegan, llegan a ese lugar que alguna vez había pisado de noche con luces oscuras pero hoy tenía oportunidad de verlo encendido, conocer cada uno de sus rincones y haciéndose la puntillosa examinó cada uno de sus detalles. 
No se escuchaba, si quiera presentía ringtones pero, por alguna razón, él no se desprendía de ese aparato que lo tele transportaba a sus más ínfimos aires de furia porque, se ve, que no le decían cosas de su agrado. Para evitar un disgusto con ella también, se sentó en la silla más cercana a esperar que pasara esa ráfaga de aires de exaltación. Un tiempo después, no fue capaz de controlar el tiempo, ella se paró para irse. Tenía que irse, había llegado su momento. Una vez más no se iba a animar a preguntarle nada de lo que venía practicando hacía semanas en la ducha. Con el tamaño de una nuez de Adán algo le interfería en la garganta y no podía decirlo. Con ese miedo que le provocaba que por acto fallido diga cualquier cosa no practicada en el baño, sólo atinó a agarrar sus cosas de la barra y pedirle cigarrillos. Sin aires excepto por los de bondad él accedió alegremente a brindarle más de los que necesita una persona que va a viajar en colectivo de ahí a su casa. Alrededor de cuatro creyó convenientes pero ella sólo acepto dos (uno para cada parada). Prendió el primero ahí adentro porque no era casualidad que siempre olvidase su encendedor en la casa de él. Tomaron el camino hacia la puerta y se prepararon para la despedida. Las últimas palabras van a dar cierre al encuentro y una buena conclusión puede reparar todo lo malo del texto como todo lo que ocurrió. Pero ése no iba a ser un buen cierre, iba a ser de los habituales sin sorpresas ni palabras de más. Beso y caminata a tomar el colectivo más cercano.
Solamente se escuchaban sus tacos sobre las baldosas rotas y cómo se quemaba el papel del cigarrillo. Toma el colectivo instantáneamente, obvia toda gentileza y roba asiento a una señora mayor, se agrega sus auriculares en los oídos y veinte minutos más tarde (ya podía contar el tiempo) llega. Se sentía abatida por el fracaso que había sumado a su persona. Ese que ya era repetido pero que volvía a cometer: no poder hablar en los momentos justos. Así que decide tomar otro transporte que la acerque algo más a su casa. En la dulce espera pide a un hombre fuego para terminar con sus cigarrillos y fumar el último de la noche. Se le vuelve bastante difícil terminarlo porque las ráfagas de aire le penetraban la cintura y la hacían temblar. En las últimas pitadas lo único que anhelaba era poner nuevamente sus manos en los bolsillos. La más larga de las inhalaciones concluyeron en un cigarrillo que arrojó ingenuamente al cordón de la vereda para que éste rebotase y cayera en un hilo de agua con correntada. Así como tocó el agua se apagó y comenzó a seguir el agua, la siguió sin saber el destino y se aferró a ella. Y ella quiso más que nunca ser esa colilla para seguir un camino sin destino y aferrarse a alguien que no le preguntara si pasaba algo.






Sofía dice: Sabrán que no soy devota de la narración pero esta historia me dejó bastante conmocionada y tuve que transcribirla. 

lunes, octubre 25

I'm not sure what this could mean, I don't think you're what you seem, I do admit to myself.

El corazón me bombea como la trompeta de Erlend Øye. A falta de un John Lennon que nos bese apasionadamente admito una caricia de un amigo con beneficios. 'Para otro momento' clickeo porque me cuesta diferenciar conocidos de tanta droga en la sangre. Me convenzo de mis compromisos y me vuelvo fiel a mis principios. Miento porque no necesito consejos. Pinto mis lastimaduras y cicatrices. Me baño para auto complacerme. Evito pensar, entonces cuando se cruza algo por la mente lo derrocho instantáneamente en un papel. Pido frases célebres en un salón ingenuamente, ignorando toda ebriedad de los seres y creyendo que pueden producir algo coherente. Me aferro a las mujeres por aceptar la diferencia innegable de sexos y, por ende, su falso entendimiento (otro mito que tengo que borrar de la cosa gris que está en la cabeza). La ciudad me curte y crezco insanamente pero me creo como me gusta y no como tiene que ser. Me deprime y no me ata a la realidad que conocí. No sé porque se habla tan mal de la soledad. Es un magnífico estado de la mente. La gente no sabe aprovechar los momentos de uno para después compartir las maravillas que creamos solos. Tampoco emplea útilmente sus errores ni fracasos. El tiempo juzgará lo que estoy diciendo. Me ocurren cosas que admiran a mi persona, me llenan. Esto no es un texto ni una opinión personal. Son ideas que se limitan por un punto seguido y que lo único que tienen en común son un fin de semana que terminó con 5 (cinco) horas de siesta en un día sin estudio.


 Mitómana, y no solamente por creer descaradamente en mitos. Por escupir falsedades, trastornar la realidad, crear hechos. Volverlos trágicos o hacerlos insignificantes. Tener una tendencia morbosa a desfigurar, engrandeciéndola, la realidad de lo que se dice y una tendencia a mitificar o a admirar exageradamente a personas o cosas. De eso hablo. Ésto sí es un texto y sí habla lo que soy: mitómana. Aténganse a las consecuencias y traten de entender y sacar jugo de lo que digo. Pero nunca me crean, desconfíen de mi verdad. No voy a volver a repetirlo porque es un confesión en un estado de soledad en mi mente. 






Pd/ Insaciables ganas de escribir y decir todo lo que estoy pensando. Algún día desplayare más todas esas ideas para que se entiendan mejor (mientras están los enlaces).
Sospechoso vos también tenes esa necesidad de 'reflexibilidad' constante, lo siento claramente en tus escritos. Sólo que yo escribo sobre cosas que pasan cotidianamente y vos sobre lo que más te gusta, el cine. Que por qué no, si la vida también transcurre adentro de cintas cinematográficas. Yo no tengo ese poder de crítica que te caracteriza y eso es lo que nos vuelve diferentes y nos hace admirarnos mutuamente. Gracias a vos por hacernos (hacerme) tan bien.

¿Son peligrosas las mujeres que leen?

"Si la lectora fuera médica, leería durante las guardias, si fuera profesora, en los recreos; si vendedora, cuando no hubiese clientes, si fuera azafata, en los despegues y aterrizajes; si veterinaria, cuando los animales duermen. Si la lectora fuera jardinera, leería en los días de lluvia; si fuera diseñadora de modas, leería para inspirarse; si fuera fotógrafa, haría las fotos para La Lectora en la ciudad; si fuera andinista, leería en las cumbres; si fuera música, leería partituras; si fuera artista plástica, leería los rostros. Si la lectora fuera contadora, sabría leer números; si fuera chef, leería mientras la comida está en el horno y si fuera presidenta... ahí no sabe cuándo leería pero sí dónde y entonces, sólo por probar, la lectora se asoma al balcón."



¿Y las que escriben? ¿Resultan aún más peligrosas?



jueves, octubre 21

Tengo dolor.

Somatizando los que nos pasa en dolores de cabeza, de panza, de orejas, de ombligos, de esófagos, de corazones. Dicho de un problema psíquico: que ha sido convertido en una dolencia física, transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria. Sentimos un dolor somático cuya naturaleza es eminentemente corpórea o material, para diferenciarlo del síntoma psíquico.
Nos duelen lugares que no sabíamos de su existencia. Nos sangran, vomitan, se abren y se cosen, pero todos suenan mal. Nos hacen acordarnos lo infelices que somos. La cobardía que nos rodea.
Nos convierten en hipocondríacos, quejosos. Dependientes de las drogas de venta libre. Drogadictos. 
Deseamos que se esfumen, que nos dejen (como nos dejaron). Inevitablemente nos preguntamos por qué los merecemos. Y cuando se van por qué se han ido si todavía lloramos.
Y cuando no se sienten, inventamos los dolores. Nos agujereamos, nos tatuamos, nos pegamos, nos lastimamos o nos dejamos estar para que vuelvan. Porque si no somatizamos, no sentimos.

Con perforaciones nuevas. 


martes, octubre 19

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