sábado, junio 16

Vive solo


Cada vez que lo sienta,
me sienta avasallado por como sos,
con la presión,
perpetuado en tus escritos,
me voy a buscar en tus palabras.
Cuando ya nos echemos de menos
después de muchos años de no contacto,
triste
pero alentador a la vez
te vas a acordar de mi, después de tanto tiempo.
Vi tu nombre escrito en un libro.
No quiero pensar en separarme de vos. 
Sabes con precisión lo que te causo
es un momento exacto.
Pero yo solo me quedo con esto:
con lo que no me sale,
con todo lo que no soy.
Existías y yo no te conocía,
teniéndote tan cerca, no lo estabas.
Mucha conexión, demasiado desencuentro.
No era nuestro tiempo, tenes razón.
Me doblegas.

lunes, mayo 21

Ya es hora de volver


Extraño las épocas en que nos daba pudor desnudarnos
Teníamos las puntas crecidas desde los 16
Y, aunque tal vez no lo fuéramos,
Éramos vírgenes.
La soledad nos inundaba
No encontrábamos otra manera de estar, estar solas.
La gente desfilaba por nuestro alrededor
No eran capaz de siquiera atravesarnos
Nos manteníamos intactas
Éramos fuertes. Supimos ser fuertes.
Por alguna razón que desconozco
Y mucho tiempo de por medio
Vivimos desnudas
Nos cortamos el pelo
Nos teñimos también
Sumamos experiencias
Y estamos con gente
Todo el tiempo
Todo el tiempo
Me pregunto qué paso en ese “tiempo”
Si hace bien vivir el presente y olvidarse un poco del pasado
Hay algo que no me deja dormir
Es el hecho de cómo nos dejamos de hablar...




Teníamos tanto miedo a quedarnos solas que terminamos viviendo en soledad.

martes, mayo 15

Cerati


Me metí en su cabeza. A través de una fuerza natural ingresé a sus pensamientos. Camine sobre la masa gris y vi la herida. Le deje un par de mensajes anotados diciéndole que vuelva, que mucha gente lo estaba extrañando. Y una posdata: “Si queres te dejamos ir, lo que te haga sentir bien. Te mereces eso, hacer lo que quieras. Mientras, te mantenemos vivo.”
De verdad, me pregunté como podía hacer para salir de ahí y seguir recordando todo lo que leí en sus pensamientos. Me levanté con una canción en la memoria: Té para tres. 

Así te soñé hace unos días. Te extraño. Mi pequeño homenaje a un genio.

jueves, marzo 29

H y B


Por H o por B, siempre termino hablando de mí. Sólo sé escribir sobre mí. En primera persona, en presente.
Me siento, flexiono la rodilla, subo la pierna y apoyo el pie en la silla, arrimando mi talón contra la parte de atrás de la pierna. La otra pierna, muerta, a su costado, sintiendo el frío y algunas migas de semanas en el piso. Me acomodo el pantalón para que el rollo que se me formó hace tres años en la panza quede ahí adentro y no se estruja contra el elástico. Levanto las manos, las froto entre ellas, pispeo si hay alguna uña que creció en los últimos minutos para volverla a su situación normal. Prendo un cigarrillo, lo dejo apoyado a mi izquierda en el cenicero blanco de cinco pesos o robado de algún bar.
Configuro la página en blanco, hago dos pitadas, exhalo el humo. Pongo música. Recorro las carpetas con la flecha hasta que algún tema se asemeje a la situación. Sacudo el cigarrillo, caen los restos de ceniza. Me rasco las rodillas, síntoma de que son las doce de la noche pasadas y  mi cuerpo pide recostarse.
Maximizo la hoja en blanco, la miro, inspecciono que todo esté en condiciones de empezar y arranco…
Escribo dos palabras: “Soy”, “Yo”. Otra vez lo mismo, las borro porque sé que frase se avecina. Está mi rodilla, mis manos una arriba de la otra y mi mentón arriba de todo eso, mirando una A4 en blanco.
Se me cruzan ocho personas por la cabeza de las cuales no tengo ganas de escribir, no quiero darme explicaciones de por qué aparecen en mis pensamientos en este momento.
Nuevamente: mi rótula, mano derecha, mano izquierda y, ahora, el cachete encima. Me doy cuenta que me comprimí la herida en el índice izquierdo que un tiempo antes me hice con el pela papas por hablar con mi compañera de departamento. Tres horas después del hecho atina a sangrar.
“Por H o por B”, sí, por esas razones siempre escribo de mí. Me parece muy válido, acertado. No dice ni soy ni yo, aunque después diga “mí” pero hay un por qué de eso, y es H o es B. Son mi mamá o mi papá, mis amigas o amigos, mi hermano o mis primos, mis abuelos o mi tía, mis compañeras del colegio o María. Es H y B. Cambiaria la “o” por “y”, porque son dos razones, aunque podría poner más letras pero volvería a hablar de mi, echándome la culpa de por qué siempre termino haciendo lo mismo. Sí, soy la que me equivoco, ya lo sé, pero también por H y B. Son todas esas cosas las que me hacen escribir sobre mí. Porque le pagué un año entero a una señora para que me pregunte qué me pasaba y no se dignó a hacerlo. Por eso estoy acá. Porque ya no vivo con mis padres, porque perdí a mi hermano, porque mis amigas ya no son mis amigas, ya no hablo con mis compañeras, con María nunca hablé.
Y sin querer, estoy hablando de esas ocho primeras personas que se me cruzaron por la cabeza y no quise nombrar. Ahora mezcladas con otras que se escribieron en la hoja que tiene toda su carilla repleta de verbos en primera persona y concluye diciendo: entiendo a los demás si siempre hablo de mí.

lunes, octubre 31

Línea 92



Fue una de esas veces en que llegué a la parada y me estaba esperando el colectivo. Pasan dos hombres, el tercero me sede el lugar a subir antes que él. Tarjeta en mano, le descuento 1,20 pesos y busco un lugar entre toda la gente que estaba allí apretada.
Pensando en todo lo que me esperaba la semana que entraba, no quería que sea fin de semana pero sin duda de no resignar una despedida de solteros de sábado por la noche.
A mi derecha dos chicos jóvenes, sin duda estudiantes,  con sus mochilas, que en un tono alto de voz discutían. Discutían sobre política. Intensamente uno argumentaba, quería convencer a su compañero de viaje cuán indispensable es la voluntad humana para desarrollar cualquier sistema económico, social y político. Hoy, el capitalismo vigente.
Citaban a Smith, Rousseau y otros intelectuales que no podría transcribir su nombre en este momento.
Sin querer escuchar escuchaba cada palabra de ese debate. Mucha convicción. La gente disimulada ojeaba, algunos trataban de entender qué decían aquellos pasajeros, otros intolerantes suspiraban (vaya a saber qué se les cruzaba por la cabeza). Y éramos tres los que atentamente y sin disimular los escuchábamos, los mirábamos, asentábamos con la cabeza: nos compenetramos bastante.
Los otros dos, subieron en mi misma parada y resultó que más tarde se bajaron conmigo. Eran dos obreros, con sus herramientas, las manos desgastadas y típicas uñas desvastadas por tanto trabajo.
Llegó un momento en que el más  callado de la discusión frena a su compañero, le apoya la mano en el pecho y le dice casi gritando “decime qué es la voluntad humana, decime qué esa expresión tan ambigua a la que te estas refiriendo. Porque sin duda todo depende y requiere de voluntad. ¿Vos decís que tanto el feudalismo como el capitalismo se dio por la voluntad de la gente?...”
Todos callados. El locutor que defendía esa idea pensó dos segundos y lo retrucó. Momento mismo en que enfrente mió un obrero le expresa a su compañero “Eso es política” y sigue contándole que si él hubiera estudiado, hubiera estudiado para política. Ahí opte con escuchar la conversación de esos obreros y pausar por un momento la escucha de la discusión de los chicos. Y seguí escuchando: “Pero para político se nace… en cambio, para ser chorro no”, con una sonrisa y mirada cómplice, sabiendo que su compañero lo entendía perfectamente.
Ellos sabían que yo estaba ahí con ellos, reflexionando la misma situación vivida, haciendo conciente cada palabra que se decía y tratando de entender lo que no entendía. Los miré, les hice una mueca y uno de ellos me la devolvió.
Se creó un clima de reflexión. Los obreros se quedaron pensando y con un oído en la discusión sobre política que seguía ocurriendo en el colectivo. Hasta que finalmente el primero que había hablado confiesa “a mi la política me llevó preso” y se ríe, su amigo lo acompaña con la risa. A mi no me produjo ninguna gracia y de la voluntad humana, del obrero que quería ser político pasé a pensar en qué habrá hecho ese hombre para terminar preso. Qué acción política te puede llevar tras las rejas.
Me puse tras de ellos, les pregunté si bajaban en la próxima y nos bajamos juntos. No los volví a ver.  

Razones por las cuales me gusta vivir en Capital. Razones por las cuales me encanta viajar en medios de transporte público.


martes, octubre 11

Adolesce


Hoy me acordé que hace unos años me quería inscribir en la piel la frase de una publicidad: “que la vida me alcance para entenderla”. Tres años más tarde agradezco no haber respondido a esos impulsos de adolescente que adolece la vida y pretende encontrarle una respuesta a todo, como si las explicaciones del todo nos hicieran la vida “más fácil”.
 ¿Qué nos hace  creer que podemos llegar a entender algo para pensar que la vida se tiene que entender?
Nadie entiende nada por qué habría de entenderse la vida. Ni siquiera sé qué es la vida. ¿La muerte?
Me fui al carajo.
Despreocupate, que estoy muy convencida que cuanto menos se sabe menos se entienden las cosas y mejor se vive.
Yo opte por saber, entiendo poco y nada y no sé vivir.
El que cree entender esto, termina casado, dos hijos, casa grande, trabajo estable, auto confortable, cuatro celulares y un televisor en cada cuarto.
Me voy a tatuar unos pajaros, chau.

jueves, septiembre 29

Ponete las pilas


Ya no ponemos energía, predisposición, ganas, fuerzas, voluntad o carácter para hacer algo. Nos ponemos las pilas.
  Estamos rodeados y en convivencia con artefactos electrónicos que sólo calientan, enfrían, lavan y centrifugan si se los enchufa a una toma corriente. Planchas de pelo que solo planchan si las enchufamos, celulares que sólo mandan mensajes si se les carga la batería, computadoras que van a ser portátiles si las mantuvimos conectadas. Cámaras fotográficas que van a sacar fotos si les ponemos las pilas. ¿Por qué se iba a esperar más de nosotros?
Si no nos ponemos las pilas no vamos a correr, no vamos a ir al gimnasio, no vamos a estudiar, no vamos a cocinar, no vamos a salir, levantarnos de la cama ni irnos a bañar. Menos declararnos frente al chico o chica que nos gusta.
 Las personas también necesitamos pilas: esa energía química transformada en energía eléctrica por un proceso químico transitorio. Resultado de dos terminales que tiene, llamados polos: el polo positivo y el polo negativo.
Todos tenemos que estar constituidos por esa fuerza positiva que crea y es conciente de nuestras metas, ambiciones, responsabilidades y obligaciones, pero que constantemente está en contacto con la negativa que es (o se hace) la no conciente de lo que tenemos o tendríamos que hacer, que no conoce de tiempos ni oportunidades. Y, por eso, nos beneficiamos con “ponernos las pilas”, para que esa unión se transforme en energía eléctrica que nos ponga en acción.
Son épocas en que nadie quiere hacer algo porque sí: ¿A quién le gusta ir al gimnasio? ¿Por qué vamos a estudiar si faltan dos semanas para el parcial?, ¿qué va a ver de nuevo en el boliche para que tengamos que ir?, ¿no puedo hacer lo que me pidas acostada en la cama?, si no tenemos sucio el pelo, ¿para qué nos vamos a bañar?, ¿por qué tenemos que ser los primeros en decir ‘te amo’ en una relación? Así funciona el cuerpo humano hoy, con pilas. Sin ellas, nadie va a ser nada y si lo hace va a ser con una raya titilando en rojo, vibrando cada dos minutos, con poca intensidad, demandando más tiempo del común, digamos, con “media pila”: cansados y apáticos.
Interés no falta, faltan pilas. Ya no estamos hablando de una metáfora que forma parte de una jerga callejera que quiere decir algo parecido. Aquí no se está haciendo un análisis morfológico del significado de las palabras que constituyen la frase “ponerse las pilas”. Ésta no vas a allá de, literalmente, ponerse las pilas. No hablamos de algo fuera de lo cotidiano, lejano o vacío. Estamos pronunciado las tres palabras que describen el funcionamiento de todo organismo/artefacto que necesita de cierta energía para realizar determinadas acciones. En el caso del hombre, casi todas las acciones que pueda hacer. Creo que para lo único que no necesita “ponerse las pilas” es para comer (energía agregada indispensable).
Si de ahora en más alguien alude a tu persona y te dice “ponete las pilas”,  replantéate la situación en la que te encuentras, el tiempo que estas perdiendo y  lo poco que estas haciendo.
En conclusión, no es que las personas tengamos algún hueco para enchufarnos una batería ni nada por el estilo, pero qué bien que viene esta frase en estas épocas. No podría quedar mejor.

Efecto espejo


Existe ese llamado “Efecto Espejo” donde cuan más irracionales somos frente a nuestras debilidades y defectos más le hacemos notar al otro que los tenemos y, como si fuera poco, reprochamos lo que somos.
Que las uniones fructíferas sean entre dos opuestos no es una coincidencia, es la consecuencia de lo que estoy hablando.
Que prometamos cara a cara realidades que anhelamos y luego seamos incapaces de cumplirlas, no es maldad.
Que se digan tantos sinónimos de amor a otra persona y queden almacenadas en alguna memoria auténtica, no es fingimiento.
Cuando hablamos y nos dicen lo que queremos oír, lo que necesitamos que nos digan, llega un momento en que nos extasía, nos volvemos sensibles e insensatos (algo parecido al amor, en cualquiera de sus expresiones) y creemos que tal vez sí estamos preparados para responder a cierta cuestión.
El tiempo, y ésta noción abstracta y creada sólo por el hombre, puede resultar poco viable. 

martes, agosto 30

Rayuela

Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.


.hace 245 mates que quiero decirte algo

jueves, agosto 25

Mi karma es de dos plazas.

Primero pienso el título, después comienzo a escribir:

Lo que me gusta es escribir y cuando termino es como cuando uno se va dejando resbalar de lado después del goce, viene el sueño y al otro día ya hay otras cosas que te golpean en la ventana, escribir es eso, abrirles los postigos y que entren.

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